Ciertas prácticas, como el yoga, la meditación o el tai chi, pueden valernos de flotadores mentales para que no nos hundamos en el desánimo. Todas tienen en común el entrenamiento de la concentración, la focalización de la mente.
En la vida diaria, nuestro pensamiento salta de un lugar a otro, y muchas veces hacia asuntos que no tienen solución. Eso nos agota. El fin de estas prácticas es enseñar a focalizar el pensamiento en un aspecto concreto y cuando estamos centrados en una sola cosa somos más capaces de descansar.

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