“Disfrutar del bosque, la playa, la montaña o el campo. Pasear al aire libre. Estimular el olfato, la vista, el oído, y el tacto, así como la mente y las emociones, con el verde de las plantas, el trinar de los pájaros, las caricias de los rayos solares, la brisa o el agua pura son algunos sencillos deleites que están al alcance de la mano y forman parte de uno de los recursos terapéuticos más eficaces que se conoce: la Naturaleza”, según el psicólogo José Elías, director del Centro Joselías de Madrid (España).

Según este experto, “el disfrute del entorno natural es uno de los principales estimulantes de la liberación de endorfinas: unas sustancias que segrega nuestro cerebro que tienen la particularidad de aumentar nuestro bienestar y son capaces, también de neutralizar el estrés, la ansiedad, el cansancio o la tristeza, que a veces nos invaden”.

Así es que ya lo sabe. Si de relajarse se trata, cuando el estrés o el esfuerzo cotidiano se aposenta en nuestro ánimo, lo mejor es disfrutar de la Naturaleza, pero en un entorno real.

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