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Boletín Yoga Inbound Edición 218

Marzo-abril de 2019

“El yoga es como la música, el ritmo del cuerpo, la melodía de la mente y la armonía del alma, crean la sinfonía de la vida.” B.K.S Iyengar.
 ¿Has hecho la cuenta de cuántos días en el año te levantas sintiéndote insatisfecho?
En repetidas ocasiones nos reconocemos, nos reencontramos en el lugar común de la tristeza, de la melancolía, del sufrimiento. Basta recordar aquel momento en el que alcanzamos una meta soñada y no pudimos más que sentirnos vacíos, que sentir temor de no tener algo por lo que hubiera necesidad de luchar. Basta pensar en los fracasos de nuestras relaciones, en la dificultad que nos da llegar a una plena comprensión con el otro; pensar en aquel momento desagradable en el que nos miramos al espejo y no vemos aquello que hemos anhelado ver. Pensar en aquellos momentos en los que nos sentimos tan solos, tan perdidos en la existencia, como si estuviéramos en el lugar equivocado.
La realidad es que todos quisiéramos liberarnos de ese sentimiento de insatisfacción.
Todos quisiéramos encontrar un lugar al que sintamos pertenecer, sentir que estamos ocupando el lugar adecuado en este mundo, que somos felices y que estamos ayudando a que los demás lo sean. Sin embargo, la falta de sentido vuelve a encontrarnos, volvemos a tener la impresión de que estamos en el lugar inadecuado. Todo esto se debe a que no hemos hallado la dirección de la vida que nos es propia, no sabemos lo que somos, ni lo que estamos buscando, no entendemos el sentido de nuestra existencia, ni estamos trabajando por comprenderlo.
En esta vida, somos como un amnésico que divaga, no reconocemos nada de lo que vemos, no sabemos para dónde vamos, ni lo que los demás nos deben representar. Estamos inmersos en una búsqueda indeterminada: sabemos que estamos buscando algo pero no sabemos cómo es; en un contexto como este no podemos más que sentirnos frustrados cada vez que creemos haber hallado lo que buscábamos y nos damos cuenta de que nos hemos equivocado, no podemos más que sentir rabia por seguir inmersos en un callejón sin salida, no podemos más que sentirnos ansiosos por no poder encontrar. Estamos en un círculo vicioso de nunca acabar y, entre todos esos movimientos circulares, nos estamos perdiendo, dejamos de pensar que somos importantes y dejamos de vernos, dejamos de vernos porque mantenemos nuestra mirada puesta en aquel objeto desconocido que nos llama silenciosamente, que sabemos que necesitamos pero sin saber por qué. Aquel misterioso objeto que buscamos nos perturba y nos roba la felicidad.
¿Cómo encontrarnos?
¿Por qué nos hallamos en esta búsqueda? ¿Por qué estamos sufriendo? ¿Por qué nos empeñamos en mantenernos en este círculo vicioso y absurdo? Acaso, si alguien llegara a ti con la tarea de encontrar lo que es imposible descubrir… ¿te dedicarías a buscarlo? Seguramente no, seguramente jamás aceptarías semejante trabajo. Entonces, ¿por qué permaneces en el círculo vicioso del sufrimiento? ¿Por qué no te enfocas en encontrar la salida? La cuestión es que se presentan muchas, hay diversas salidas manifestándose constantemente y no podemos comprender cuál es la correcta, nos perdemos una y otra vez, precisamente porque no sabemos lo que estamos buscando. Para lograr salir de este círculo vicioso y absurdo debemos empezar por comprender lo que verdaderamente somos, solo cuando se sabe qué es un objeto es que se puede decir para qué sirve. De la misma forma, solo en el momento en el que comprendemos lo que somos, podremos entender qué es lo que vinimos a hacer al mundo.
Y es que la vida se presenta como esa plataforma de juegos en la que nos corresponde encontrarnos.
Nuestro trabajo parece ser el de descubrirnos y solo entonces abrirnos al camino de la felicidad. El yoga nos enseña que no podemos solamente identificarnos con el cuerpo, sufrimos porque no alcanzamos la belleza ideal, porque no podemos comprar la ropa más costosa, porque no podemos tener los lujos que quisiéramos, etc. También nos enseña que no podemos identificarnos solo con nuestra mente, sufrimos porque nos da tristeza, porque tenemos miedo, porque queremos comer o beber más de lo que es apropiado. Es evidente que somos esas cosas: somos nuestra mente y somos nuestro cuerpo, pero eso no es lo único que somos. Esa es la enseñanza más importante del yoga: somos un alma espiritual trascendental que se encuentra habitando un cuerpo material.
 
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