El silencio no es sólo ausencia de ruido, es un espacio de reconocimiento personal que permite separarnos de la superficie y descubrirnos transitando un camino donde se construyen los pensamientos que trasmiten paz.
Muchas veces es necesario hacer silencio para poder escuchar nuestra voz interior, de esa manera creamos una puerta abierta para poder soñar, imaginar y proyectar el futuro.

El silencio es la lengua del corazón, en ella encontramos respuestas con palabras mudas que salen de lo más íntimo de nuestro ser. Las palabras acusan y sentencian, el silencio libera, no tiene límites, por eso nos brinda el momento para mirar más lejos y hacer posible lo que pensábamos imposible.

Las personas que hablan mucho a veces no logran tener paz mental. La mente también necesita reposo y ejercicio para elevarse y llenar de sentido nuestra vida. Aprender a callar y a estar en silencio es una fuente de sabiduría que nos permite renovar energías para aplicarlas al trabajo mental. Otro beneficio que nos brinda el silencio voluntario es el don de poder escuchar y entender lo que otra persona nos dice, principio básico para respetar y ser respetado.
Penetrar en el silencio no es inactividad, ni desconexión, no es una forma de escape sino que se trata de una comunicación significativa que nos trae serenidad, permitiéndonos controlar enojos y emociones.
Así nos acercamos al centro de nuestra verdadera existencia.

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