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9 agosto, 2019

¿Para qué meditar?

Una vez se le pregunto a un maestro de meditación ¿para que meditar? El contesto con esta historia, luego la
escribió como introducción a su primer libro de meditación.

“En círculos psicoanalíticos se cuenta una historia bien conocida acerca de un hombre que es atormentado
por un sueño recurrente. Este hombre se encuentra atrapado en una habitación; es incapaz de abrir la puerta y
escapar. Registra la habitación en busca de la llave, pero nunca puede encontrarla. Con todas sus fuerzas intenta
abrir la puerta, pero ésta no se mueve en lo más mínimo. No hay ninguna manera de salir de la habitación
excepto a través de la puerta que él mismo no puede abrir. Está atrapado y tiene miedo. En una sesión con su
analista el hombre se refiere a este sueño, el cual ha estado atormentándolo durante años. El analista atiende
cuidadosamente al relato del sueño, prestando atención a todos los detalles, e indica que quizás la puerta se abre
en la dirección opuesta. Cuando tiene este sueño de nuevo, el hombre recuerda dicha sugerencia y descubre que
la puerta gira hacia dentro sin resistencia alguna.

Una situación común.
Hoy en día mucha gente tiene esta sensación de estar atrapada, de estar encerrada en una vida que ya no parece
ser satisfactoria. Sintiendo un sentimiento de callada desesperación y mantenido a distancia a través de una
actividad constante o de remedios milagrosos. ¿Quién de entre nosotros no ha sentido alguna vez la necesidad
de escapar hacia una nueva vida, fantaseando quizás que uno es liberado por un nuevo y hermoso amante o
imaginándonos que ganamos la lotería? Algunos de nosotros nos pasamos la vida esperando; esperando a que
pase algo que cambie nuestras vidas. Y aún así, la lección más básica y obvia que la vida ofrece, aparentemente
tan difícil de comprender, es la de que la felicidad es un estado mental, y no algo que pueda ser adquirido del
mundo exterior o de otras personas.

Todos ambicionamos la felicidad, pero la mayoría de nosotros la buscamos fuera de nosotros mismos;
en otras personas, en el trabajo, o en las actividades meramente ociosas. Conforme envejecemos nuestros
sueños se desvanecen lentamente. Vamos convirtiéndonos en personas menos idealistas, más pragmáticas.
Nos conformamos con lo que tenemos y tratamos de ser filosóficos en relación a esos sueños que nunca se
cumplieron, o que sí se cumplieron pero resultaron estar vacíos de la promesa que en otro tiempo habían
guardado. En su mayoría nuestras vidas se van asentando sobre moldes previsibles, y mientras tanto lo único
que hacemos es contemplar tristemente nuestros sueños rotos o vacíos. En su poema “La Puerta”, el poeta e
inmunólogo checo Miroslav Holub nos incita a tener el valor de contemplar nuestras vidas con nuevos ojos.

Ve y abre la puerta.
Quizás afuera haya un árbol,
Un bosque, un jardín,
Una ciudad mágica.

Ve y abre la puerta.
Quizás haya un perro hurgando.
Quizás veas una cara, o un ojo,
o la imagen de una imagen.

Ve y abre la puerta.
Si hay niebla,
se despejará.

Ve y abre la puerta.
Aunque no haya nada más
que el tic tac de la noche,
aunque no haya nada más
que el sordo aire,
aunque no haya nada,
ve y abre la puerta.
Al menos hará viento.

La puerta de la que el poeta habla es la puerta que se abre hacia dentro para revelar nuestras necesidades más
profundas al igual que nuestras más elevadas aspiraciones. La meditación es un modo de abrir esa puerta. Al
abrirla das el primer paso.

La puerta de la meditación es la puerta de la conciencia y el amor universal,

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